jueves, 2 de octubre de 2014

Buñuel, el surrelista soñador


      Pocas veces un director de cine se encuentra en capacidad de poner en escena un sueño y no caer en el ridículo. Quiénes hemos gozado con “Un perro andaluz” (1929) de Luis Buñuel podemos informar que no se necesita dormir para soñar. En sus memorias “Mi último suspiro”, sobre ese cortometraje señaló: “Esta película nació de la confluencia de dos sueños. Dalí me invitó a pasar unos días en su casa y, al llegar a Figueras, yo le conté un sueño que había tenido poco antes, en el que una nube desflecada cortaba la luna y una cuchilla de afeitar hendía un ojo. Él, a su vez, me dijo que la noche anterior había visto en sueños una mano llena de hormigas. Y añadió: «¿Y si, partiendo de esto, hiciéramos una película?» En un principio, me quedé indeciso; pero pronto pusimos mano a la obra, en Figueras. Escribimos el guión en menos de una semana, siguiendo una regla muy simple, adoptada de común acuerdo: no aceptar idea ni imagen alguna que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural. Abrir todas las puertas a lo irracional. No admitir más que las imágenes que nos impresionaran, sin tratar de averiguar por qué”.

     Si bien en la ficha técnica aparece Salvador Dalí, quién años después actuaran de manera desleal con quién supuestamente era su amigo, el crédito es Luis Buñuel. La película se desenvuelve sin ningún tipo de conexión o lógica pero ello no impide apreciarla como una historia onírica, sin caer en el facilismo, la intrascendencia o el aburrimiento. La cinta fue realizada durante los primeros años del cine, sin embargo Buñuel fue capaz de filmar la película recurriendo a efectos especiales sin parecer infantil, como cuando secciona el ojo a una mujer, hormigas que salen de un agujero negro de la mano de un hombre, arrastrar a dos actores vestidos de frailes (uno de ellos era Dalí) y dos pianos de cola con varios burros putrefactos, entre otros. En cambio cuando se aprecian películas estadounidenses de ciencia ficción de los años sesenta se puede notar la precariedad de sus efectos especiales y hasta en algunos casos resultan risibles.

      En la película se aprecian técnicas que en la actualidad se conocen como “flashback”, “flashforward”, a través de los títulos de las secuencias se da a entender esas situaciones, aunque aparentemente una escena siga a la otra; los títulos son “Érase una vez” (no especifica tiempo ni lugar), “Ocho años después”, “Hacia las tres de la mañana”, “Dieciséis años antes” y “En primavera”. Asimismo, resulta provocativa para las autoridades de la época porque se incluye escenas eróticas, pero ello significaba una crítica feroz a la fuerte presencia e influencia de la religión católica en la sociedad europea.

    Cuantas obras artísticas pueden causar tanta controversia y perdurar a través del tiempo, sumándose a ello que Buñuel tenía escasos 29 años. El montaje, la fotografía fueron estupendos, como si en esos tiempos el cine tuviese al menos sesenta años de vigencia.  Una obra de arte es tal, cuando trasmite al espectador una idea, envía un mensaje, es decir es consistente y no ligera. En la actualidad, muchas personas consumen un cine que no dice ni muestra nada, de total y absoluta prescindencia. El realizador debe mostrar en sus películas qué pretende y cuáles sus aspiraciones; Buñuel siempre ser fiel a sus convicciones, en su libro de memorias escribió: “Después de Un chien andalou, imposible pensar en realizar una de esas películas que ya llamaban «comerciales». Yo quería seguir siendo surrealista a toda costa. Como me parecía imposible pedir otro financiamiento a mi madre, no veía solución y decidí renunciar al cine”; felizmente nunca logró cumplir su amenaza de renunciar, más si cumplió con hacer películas que a él le apetecieron.

      “Un perro andaluz” encandiló a lo más selecto de los intelectuales que residían en París de los años veinte, como por ejemplo Pablo Picasso, Jean Cocteau, Max   Ernst, Man Ray, Paul Eluard, Tristan Tzara, André Breton, entre otros. El aporte no solo es por graficar magistralmente al surrealismo, sino porque esta contiene técnicas y recursos cinematográficos que posteriormente serían desarrollados por el cine mundial. Soñar despierto puede convertirse en una realidad cuando se observa este primer trabajo de Luis Buñuel.

 

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