Pocas veces un director de cine se
encuentra en capacidad de poner en escena un sueño y no caer en el ridículo. Quiénes
hemos gozado con “Un perro andaluz” (1929)
de Luis Buñuel podemos informar que no se necesita dormir para soñar. En sus
memorias “Mi último suspiro”, sobre ese cortometraje señaló: “Esta película nació de la confluencia de
dos sueños. Dalí me invitó a pasar unos días en su casa y, al llegar a
Figueras, yo le conté un sueño que había tenido poco antes, en el que una nube
desflecada cortaba la luna y una cuchilla de afeitar hendía un ojo. Él, a su
vez, me dijo que la noche anterior había visto en sueños una mano llena de
hormigas. Y añadió: «¿Y si, partiendo de esto, hiciéramos una película?» En un
principio, me quedé indeciso; pero pronto pusimos mano a la obra, en Figueras.
Escribimos el guión en menos de una semana, siguiendo una regla muy simple,
adoptada de común acuerdo: no aceptar idea ni imagen alguna que pudiera dar
lugar a una explicación racional, psicológica o cultural. Abrir todas las
puertas a lo irracional. No admitir más que las imágenes que nos impresionaran,
sin tratar de averiguar por qué”.
Si bien en la ficha técnica aparece Salvador Dalí, quién años después
actuaran de manera desleal con quién supuestamente era su amigo, el crédito es
Luis Buñuel. La película se desenvuelve sin ningún tipo de conexión o lógica
pero ello no impide apreciarla como una historia onírica, sin caer en el
facilismo, la intrascendencia o el aburrimiento. La cinta fue realizada durante
los primeros años del cine, sin embargo Buñuel fue capaz de filmar la película
recurriendo a efectos especiales sin parecer infantil, como cuando secciona el
ojo a una mujer, hormigas que salen de un agujero negro de la mano de un hombre,
arrastrar a dos actores vestidos de frailes (uno de ellos era Dalí) y dos
pianos de cola con varios burros putrefactos, entre otros. En cambio cuando se
aprecian películas estadounidenses de ciencia ficción de los años sesenta se
puede notar la precariedad de sus efectos especiales y hasta en algunos casos
resultan risibles.
En la película se aprecian técnicas que en la actualidad se conocen como
“flashback”, “flashforward”, a través de los títulos de las secuencias se da a
entender esas situaciones, aunque aparentemente una escena siga a la otra; los
títulos son “Érase una vez” (no especifica tiempo ni lugar), “Ocho años después”,
“Hacia las tres de la mañana”, “Dieciséis años antes” y “En primavera”. Asimismo,
resulta provocativa para las autoridades de la época porque se incluye escenas
eróticas, pero ello significaba una crítica feroz a la fuerte presencia e influencia
de la religión católica en la sociedad europea.
“Un perro andaluz” encandiló a lo más selecto de los intelectuales que residían
en París de los años veinte, como por ejemplo Pablo Picasso, Jean Cocteau, Max Ernst,
Man Ray, Paul Eluard, Tristan Tzara, André Breton, entre otros. El aporte no
solo es por graficar magistralmente al surrealismo, sino porque esta contiene técnicas
y recursos cinematográficos que posteriormente serían desarrollados por el cine
mundial. Soñar despierto puede convertirse en una realidad cuando se observa
este primer trabajo de Luis Buñuel.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario